miércoles, 25 de abril de 2012

“Yo también fui un niño índigo” auto-entrevista esquizoide


Fui a hacer la entrevista a la casa de Iván, el negro, escritor y editor de Tinta China y también conocido de la calle, los recitales, la vida. Es una ciudad chica la nuestra, y los locos solemos terminar las noches emborrachándonos en los mismos bares. Toqué timbre preparado, sabiendo que encontrarse con él es siempre una experiencia novedosa. Sobre todo si es en la casa: cada vez que te abre la puerta pareciese que la abre alguien distinto. La cara, el cuerpo, las características generales son las mismas. Pero las expresiones y, sobre todo, la mirada es otra, pareciese alguien diferente cada vez. Habla siempre de distintos proyectos descabellados y ambiciosos. En ésta oportunidad hablaba de algo que llamaba “La fábrica” y que según él era la idea más maravillosa que se le podría haber ocurrido a un sociópata de su calaña (palabras suyas).
Me conduce al patio donde arranca unos mates con yerba Canaria (uruguaya, sin palo), convida algunos y arranca: “Yo también fui un niño índigo, pero no me ando mandando la parte. El Uritorco era para caretas, acá hicimos otra movida más verdadera, más under.”
Entrevistador: ¿En qué estás trabajando actualmente?
Negro: Investigo, leo mucho, busco en wikipedia. Salgo a la calle a mirar, anoto cosas. Soy buchón de la policía.
E: Tus textos tienen una composición estética amalgamada al lenguaje moderno, no solo al literario…
N: ¡Ohh, escribe como se habla! (frase de los Simpsons) me dijo una vez un amigo luego de leerle un poema sobre tener sexo con una persona a la que se desprecia profundamente. Y es así, uno aprende de todos los medios que tiene al alcance y los incorpora a cualquiera que sea su forma de expresión. Bukowsky me definiría como alguien que vió demasiadas películas, como prendedor púrpura, cierto personaje de su novela El cartero. Mis construcciones tienen mucho que ver con el lenguaje cinematográfico, intento siempre darle dinamicidad a los textos y a la vez decir, convocar ideas. También intento utilizar con acierto los cambios de voces, tiempos y perspectivas, como si fuesen cambios de cámara o enfoque. Igual, intento, soy un pichón de gorrión con más hambre que alimento.
En éste momento de la entrevista el negro emula durante un lapso de unos veinte minutos a un gorrión buscando alimento. A pesar del trance sigue cebando mate. Coincidirán conmigo en que se trata de un ave muy considerada. Ave de ley, digamos.
“A mí me están persiguiendo loco, loco, loco…” afirma a la vez que mira para todos lados y le quita el precinto a una granada que arroja a lo del vecino. “Tienen gnomos buchones contraespionando!!”, luego llama a Washington por el zapatófono y le pide un martini a un perro. Arranca una flor de una maceta, le hecha tres pétalos al mate y ofrece el resto, como no los tomo se los come él.
“Yo inventé el anti-google”. “Viste que en Internet buscás lo que sea y lo encontrás y en la vida buscas cosas que muchas veces no llegan. Bueno yo inventé un buscador en el que no encontrás nada pero después de usarlo te va bien en la vida”. “Ni siquiera está conectado a internet”.
No sin hacer uso de algo de sarcasmo compruebo su punto: el loco es feliz, a pesar de que según él google lo quiere borrar del mapa.
“Hay una conspiración muy loca en marcha y uno no termina nunca de desenmarañarla porque sin darnos cuenta estamos constantemente nosotros mismos conspirando.”
E: Contame sobre tu vida, de donde venís, cuándo comenzás a escribir?
N: Yo empiezo a escribir de muy joven, a la edad de menos tres años. Originariamente soy pernambucano pero más originariamente soy un pelo en un peine. Nací siendo achura pero un ataque de tos me convertí en político y después de llorar mucho me hice persona. Una vuelta mandaba cartas de truco a los diarios y ahí me descubrió Magallanes y nos fuimos de viaje místico. Mucha droga. ¿The conté que soy fan de The Big Bang Theory? Es lo más. Muchas veces yo también hago inventos, como por ejemplo un escarbadiente sabor salamín para mientras esperas el morfi y uno sabor queso y dulce para el postre. También inventé un aerosol que hace desaparecer la caca de perro y fui millonario y me pelié con mi mejor amigo pero al final arreglamos las cosas. (Nota del entrevistador: ese es el argumento de una película que se llama “Envidia”. Cualquiera, éste pibe es un ladri.)
E: Negro, vos sos uno de los creadores de Tinta China, ¿Cómo es tu relación actual con el proyecto?
N: Ahora trabajo desde acá, en la oficina hay mucha gente y todos tenemos ritmos distintos…
Agarra el zapatófono y llama, es difícil no reírse porque imita muy bien el sonido de los números y del tono de espera. “¡David!! ¡David!! ¡¿Cómo andás hermano!? ¡Seee! ¡Mandále mecha mandále!!!”
No todos los días tiene uno la posibilidad de conocer la trastienda de la creación. Después de un rato se le van acabando las historias y las pilas. Apenas divagaba, lo único que siguió su curso inalterable fue el mate. De camino a la redacción, con un grabador repleto de historias alucinantes (o alucinadas, como se prefiera) y la imagen de aquellos últimos momentos con el negro siendo al fin persona, como el panadero o un paciente psiquiátrico, no más el personaje, con esa última imagen dando vueltas en mi cabeza, reflexionaba si acaso no era aquello el verdadero significado del arte: cuarenta minutos de delirio consensuado y luego palabras que se pierden, saliendo de la boca de éste pibe, o un panadero, o un paciente psiquiátrico.



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