lunes, 25 de abril de 2011

El agravio


-God, look at the birds, they are so beautiful…

-No sabía que usted hablara ingles, Cacique...

-No hablo, ¿Porqué pregunta?

-Pero recién usted…

-No, no se que dije, estaba alucinando.

-Ah, ya que lo menciona, yo quisiera…

-Secreto tribal.

-Pero, usted me dijo que…

-No, Secreto tribal.

-Usted es un embustero, señor. Y un drogón angurriento y mezquino, joder.

-Calenchu.

-¡Hijo de una gran puta!

Se miraron a los ojos, fijamente, sin soltarse, con una mano tanteaban dentro de sus vestimentas las respectivas armas, el español había herido de gravedad los sentimientos del cacique y los de sus antepasados, éste quería venganza, anhelaba con locura ver la sangre correr a chorros. Seguían mirándose fijamente a los ojos, midiéndose, caminando en círculos con pasos pequeños, cruzaban los pies de costado, siempre mirándose. El español encuentra su daga y le tira un puntazo dirigido a la garganta, escupiendo al propinárselo “¿y, viste pájaros o no? indio forro la concha de tu hermana”, el cacique le desvía el brazo golpeándolo con la mano abierta al mejor estilo Bruce Lee (incluso grita uooooooo al hacerlo, seguido de un más autóctono “jué puta”), patea a su pálido contrincante y le escupe en la nuca. Con eso considera su sed de venganza satisfecha, lo ve una última vez, la mirada altiva del español había sido derrotada. El cacique y sus ancestros volvieron al bosque. Su pueblo había sido vengado.


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