viernes, 4 de junio de 2010

El viaje de Yuri


Yuri despierta en un cuarto de hotel destruido, saliendo de una resaca que era como la muerte, como en una lenta y esperanzadora agonía despertaba. Hasta hace dos semanas su vida era muy distinta, hace dos semanas todo cambió para siempre en la vida de Yuri. Era viernes, estaba en su trabajo de la fotocopiadora, mirando las chicas que pasaban por la esquina de la facultad de abogacía. Ansiando la hora de salir para tomarse unos fernets con la muchachada.
Pero esa noche, ese viernes, todo se dio distinto. Ninguno de sus amigos podía reunirse, era comprensible que tengan planes más interesantes que juntarse entre hombres que ya habían sido derrotados por la vida a emborracharse en short de playa y chancletas en el patio de la casa de uno de ellos. Así que se quedó en su casa. Se preparó un fernet y miró una película de Vin Diesel que había comprado en la estación de ómnibus. se durmió en la parte en que Vin Diesel salta con una moto hacia un helicóptero lleno de narcos mejicanos y les rompe el pómulo a cuatro de ellos. Esa noche, tuvo un sueño que cambiaría para siempre su forma de vivir la vida. En su sueño, caminaba por un bosque en el que todo olía muy mal, junto al sendero, corría un río pestilente, que luego crecía y quedaba él en medio de las aguas putrefactas, ahogándose, cuando de la nada aparece Locomotora Castro montado en un pájaro violeta y lo rescata, Locomotora traía el pelo en llamas y hablaba con entusiasmo sobre los beneficios de las mutuales de obreros. Cuando descienden a tierra firme, el lugar era un jardín donde crecían enredaderas místicas y flores holográficas, olía allí a mandarinas y guayabas y, en una mesa que levitaba metro y medio sobre el suelo dos perros, un canguro, Abraham “Galletitas Lincoln” Lincoln y Karina “Zarpadas Tetas” Jelinek lo esperaban para jugar una mística mano de póquer. Luego de las apuestas, entre las que se hallaban un collar de perro, un tiburón baterista, una nariz de payaso, el virus del ébola y el pase de Carlitos Tevez. Antes de ver su mano, Karina “Zarpadas Tetas” Jelinek le dice “pará Yuri, todavía no levantes, primero debes atravesar la fría estepa rusa, la verdadera felicidad está en Siberia, ahí te entrego el ocote”. “Ah, ¿y porqué te llamás Yuri si sos más argentino que el locro?”.
.Yuri despertó sobresaltado, transpirando, mirando fijamente la pared. Eran las 3:51 AM. Sale corriendo de la cama, busca un anotador y se pasa dos horas transcribiendo números y códigos: eran jugadas de póquer.
Al día siguiente no se presentó a trabajar en la fotocopiadora, ya se hallaba camino a Europa, desde donde se abriría camino a carta limpia hacia las heladas tierras del Norte. “En Siberia Yuri, en Siberia te entrego el ocote” eran las palabras que daban vueltas por su cabeza esa mañana de una resaca parecida a la muerte en que Yuri despertaba en lenta y esperanzadora agonía en un cuarto de hotel destruido. Se había desviado de su rumbo, pero esa tarde partiría en el tren desde Johannesburgo, no pudo más que interpretar como una señal sagrada el hecho de que el tren era precedido por una locomotora violeta y que al mediodía le sirvieron locro a la perestroika.




Relato escrito en el marco de una actividad literaria grupal, previa a la cual cada uno de los participantes enumera un personaje, indica qué hace éste personaje, donde lo hace, cuándo lo hace y por qué lo hace. Se mezclan los papeles y cada cual elige uno por categoría. A mi me tocaron Quién: un hombre que quería evolucionar; Qué: juega al póquer; Cuando: la semana pasada no, la otra; Donde: en Siberia; Por qué: soñó con un lugar hermoso y se propuso construirlo.

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