martes, 14 de abril de 2009

El viaje a Durazno

Cuando el día se hubo despejado
secamos nuestras pertrechos,
partimos ya avanzada la tarde
con mucho por caminar.

El camino fue largo y desgastante
pero pasó un Cristo de a caballo
y nos congració con su buena suerte,
aprovisionándonos parea un posible destino.

La espera no fue larga,
aunque en otra ocasión habría de serlo.
La lluvia siempre amenazaba
con retrasarnos otro par de días.

Llegamos en camión a Durazno
el sol calentaba la Tierra,
bajamos a sus arenas
donde nos esperaba una tarde de paz.

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