lunes, 22 de septiembre de 2008

El invierno de los Pereyra

Las aves habían dejado de posarse en la antena de la vieja casa hacía ya mucho tiempo, la tristeza era un aura difícil de traspasar. Nadie venía por estos lados, los cobradores ya no se acercaban. Una casa perdida en el bosque, un bosque perdido en el alma. Quedaban pocos habitantes, demasiada tristeza, la despedida se había prolongado demasiado. Era tiempo de partir. Todos en el barrio lo sabían. En todo el mundo lo sabían.

1 comentario:

Adrian Orellano dijo...

SI, TAL CUAL. A VECES NO QUEDA OTRA. me lo imagino vívido.
Solo queda partir.